Aqui os dejo la primera parte de un nuevo relato. Espero que os guste
El General Márquez

I
El ritual es intoxicante. Abrir el armario, coger los objetivos, limpiar el visor, quitar el polvo a la cámara, meterlo todo en la bolsa e irse. Leonor sale a las siete de la mañana de un domingo de 1976, mientras la ciudad duerme.
Leonor quiere la ciudad sin coches, sin luces, sin ruido. A esta hora la gente se muestra tal y como es. No hay mil ojos observando. El sacerdote fuma Ducados mientras va a la iglesia, el borracho lee el Marca del revés, el padre de familia hace footing con pantalones rosas. Leonor les hace fotos a todos ellos. Con quietud y calma, les observa con su cámara sin que se sientan observados.
A lo lejos, ve como dos hombres se abrazan y se besan. Uno es joven, otro es viejo. Uno es rubio, el otro es moreno. Leonor fascinada por la ironía y contraste de la imagen, hace clic. Hace clic y la imagen del General Márquez besando a un hombre, se convierte en eterna.
El ritual es intoxicante. Sacar el carrete, tapar la luz del cuarto oscuro, preparar los líquidos, encender la luz roja, revelar la película y colgar las fotos para que se sequen. Cuando Leonor acaba todo esto, se pone a fumar. Mientras, observa su trabajo con sus pequeños ojos verdes.
Y entonces lo vio. El General Márquez besando a otro hombre. El padre de su novio, el enemigo de sus padres, siendo lo mismo que él dice odiar. La ceniza llena el suelo del estudio, mientras Leonor sigue mirando la foto con sus pequeños ojos verdes.
II
El General Márquez es de derechas, católico y sobre todo español. Retirado desde hace dos años, dedica el día a escribir sus memorias y a dar discursos sobre el que peligro que corre España con los rojos en el poder.
El militar es un personaje temido. Las medallas de su chaqueta deslumbran a sus colegas, a su mujer, a sus hijos. En su casa se come a las tres, se escucha la COPE y se va a la iglesia. Quien no sigue sus órdenes, ya sabe dónde tiene la puerta de casa. Sofía, su hija, la tomó de la mano de su novio de Costa de Marfil. El militar decía que dejaba mal olor en la casa
El General Márquez siempre tiene cara de estar enfadado. El labio subido y los ojos enfocados y en guardia. Nunca cambia su expresión. El militar come escuchando la COPE cuando recibe una llamada. Cuando está hablando por teléfono, el general esboza lo más parecido a una sonrisa. Cuando su mujer le pregunta porque sonríe, él la manda callar y le dice que suba la radio
III
El día que iba a conocer al padre de su novio, Leonor estuvo dos horas maquillándose y cambiándose de ropa para dar buena impresión. Leonor tenía cara de niña, era bajita y su voz se confundía con el viento. Sin embargo, hoy quería ser lo más parecido a una mujer. Se puso su mejor vestido, un rojo.
Felipe, su novio, no le había dicho quién era su padre. Decía que era una sorpresa. Felipe lo idolatraba. Decía que daba discursos, trabajaba hasta la madrugaba y que todo el mundo le quería. Al entrar por la puerta de la casa de los padres de Felipe, Leonor comenzó a oír unos gritos. Era el General Márquez, que un poco bebido, gritaba a la asistenta por haber puesto servilletas rojas
-La visita va a pensar que somos unos comunistas subversivos -, gritaba el militar.
Y entonces lo vio. El General Márquez era el padre de Felipe. Con cara de asco le dio la mano a ese hombre al que consideraba abominable. En la comida, Leonor bebió sin sed, sonrió sin ganas, comió sin hambre. Durante la comida el General Márquez comentaba entre risotadas como cazaba “rojos” en la Guerra Civil.
Y entonces lo dijo. Habló de un traidor. Habló de su padre. Leonor harta de morderse la lengua reveló quien era. Con su voz que se pierde con el viento, defendió a su padre. Cuando Leonor se disponía a contar su versión de la historia, el General Márquez dio un golpe en la mesa, gritó a Leonor y a empujones la echó de casa.
Leonor aliviada por salir de esa casa, se quitó los tacones y andando descalza se fue a su casa
Tras un mes de inactividad, vuelvo a escribir en el blog con un relato corto con una historia contada desde el punto de vista de un mueble. Espero que os guste!

Tres historias de un sofá de 1830
Matías tenía dos millones en la cuenta del banco, seis casas a su nombre y hasta un pequeño yate en la bahía de Marbella. Sin embargo, a Matías le gustaba siempre mirar en la basura de los muebles viejos, que había debajo de una de sus múltiples residencias. Decía que los muebles, como las personas se merecen una segunda oportunidad. Y un buen día, me encontró a mi tirado entre una estantería sin estantes y una cama con los muelles salidos. Yo un sofá de 1830 encontré un nuevo hogar. Todos los días cuando Matías se duerme sobre mí, me introduzco en sus sueños y le cuento una historia sobre lo que ha visto un sofá de 1830.
I
Mi vida nació cuando otra se esfumó. En una noche tormentosa de verano, un resplandor iluminó el cielo. A los pocos segundos, se oyó como un roble caía rompiendo la quietud y tranquilidad del bosque. Allí yació durante dos días, hasta que unos ojos consumidos por los años posaron sus ojos sobre mí. Era Lucas el hombre más viejo de Bembibre, pueblo que estaba a unos kilómetros del bosque. Con sesenta y cuatro años en sus manos fue cortando una parte del árbol. Cuando no podía llevar mas madera sobre su encorvada espalda, volvió a su pequeña casa.
En casa de Lucas todo funcionaba mal. La silla estaba coja, el fuego se apagaba y la puerta tenía una rendija por donde se colaba el frío, el agua y las hormigas. Lucas enfermo desde hacia unos meses, ignoraba todos esos desperfectos. Lucas lo único que quería era un sitio tranquilo y cómodo en donde morir. Así pues me comenzó a construir con las fuerzas que le quedaban. Lucas tras semanas sin dormir, me acabó. Exhausto se sentó sobre mí y expiró. Mi vida nació cuando otra se esfumó.
II
María Cristina era una reina sin reino. Corría el año 1870 y decía ser prima de Isabel II. Por eso exigía vivir en palacio. Aunque fuese de cortesana. Sin embargo, vivía en el pueblo de Ponferrada, a más de 400 kilómetros de distancia de Madrid. A pesar de tener solo veintidós años tenía el carácter envejecido. Todo le molestaba, daba patadas a los criados y solo comía carne de vacuno. Yo un sillón de 1830 acabé en su casa por su avaricia. Se lo arrebató al pobre hijo de Lucas, como pago por dejarle trabajar en su casa.
Yo era el trono de la reina sin reino. Por su frustración me llenó de quemones, me arañaba con sus uñas largas y me arrancaba la tapicería cuando no recibía noticias de palacio. Vi a todos los nobles que cortejó, vi a todos los amigos a los que perdió, vi como ella envejeció. Pasados los años fue perdiendo la energía de su juventud. Se pasaba las horas sentada dormitando sobre mi. Una vez no se despertó de ese sueño. El sueño de ser algo más que una reina sin reino.
III
Luis me compró en un anticuario en el que me llenaba de polvo. Corría el año 2003 y me compró por 100 euros a un despreocupado dependiente. Digo despreocupado porque ignoraba de mi antigüedad y valor. Para él, solo era un cachivache más que ocupaba espacio en la antigua tienda de su padre. El dependiente solo quería vender todo e irse a Benidorm a vivir con su novia.
Carlota la mujer de Luis, no soportaba que su marido coleccionase cosas viejas. Decía que traían suciedad a la casa. Yo, un sillón de 1830, estaba ya desmejorado después de tantos años. Los muelles se notaban, las astillas se salían y el escudo de Bembibre que estaba en los reposabrazos se iba borrando. Sin embargo en la casa de Luis viví una segunda juventud. Por alguna inexplicable razón, me convertí en el juguete preferido de Jorge, el hijo de Luis. Fui nave espacial, coche de carreras, estrado para los discursos de Jorge imitando a Aznar. En unos de esos fervientes discursos, Jorge se trastabilló con uno de mis muelles y se cayó sobre el reposabrazos. Y allí en la frente de Jorge se quedó un chichón con la forma del escudo de Bembibre. Carlota harta de tanto cachibache, me tiró a la basura. Javier apesadumbrado siempre me recuerda con cariño cada vez que se mira al espejo.

Hay libros que definen épocas, generaciones. Desde "El Quijote" a "Crepúsculo" este tipo de libros han definido a una generación. "Menos que cero" es sin duda el que define a la Generación X. Jóvenes que no creen en Dios, ni en la familia. Jóvenes que no viven más que el presente sin que en su cabeza exista un mañana. Sus nuevos idolos ya no son astronautas o politicicos sino indolentes estrellas de Rock que viven como ellos. "Menos que cero" nos relata la vida de estos jóvenes de la Generación X.
" En Los Ángeles la gente tiene miedo de mezlarse en las autopistas" Con esta chocante frase empieza "Menos que Cero". Alguna vez alguien me dijo que casi todo buen libro que se precie tiene un principio arrollador. "Menos que cero" lo tiene. Clay recién llegado a Los Ángeles,nos describe en menos de dos páginas la sensación de soledad que tiene la gente en las grandes ciudades.
"Menos que cero" es literatura salvaje, sin tapujos, sin ningún tipo truco. Las frases parecen sacadas directamente de la cabeza de uno de estos jóvenes. Cabezas en las que los sentimientos parecen no existir. Durante todo el libro el lector tiene la sensación que los protagonistas no sienten nada. Parece que tan solo comen comida basura, se drogan y se acuestan con el primero que se cruza en su camino. La obra se desliza con soltura con diálogos dinámicos y descripciones detalladas de la desolación que parece sufrir Clay, el protagonista del libro.
Breat Easton Ellis escribió esta obra con 21 años e inmediatamente se convirtió en uno de los mayores exponentes de esa Generación X. Posteriormente escribió otros libros como "Las reglas de la atracción", "Lunar Park", o su polémico "American Psycho". En todos ellos siguió manteniendo ese estilo secante y descriptivo hasta la saciedad. "Menos que cero" un libro para intentar comprender los sentimientos de un generación de jóvenes que no siente nada.

La maldición del Real Betis Balompié
La sombra del señor Ruiz de Lopera es alargada. Sus palabras siempre tienen un aire solemne y lapidario. Desde la ya famosa si "vuelvo al palco del estadio hago al Betis campeón de liga hasta "Gudjohnson es bético desde chiquitito" Sin embargo hay una que aún resuena por el estadio que lleva su nombre. " El jugador que triunfa en el betis Betis luego no lo hace fuera" ¿ Es eso cierto? O acaso es otra de sus frases llenas de volumen vacías de contenido.
Empezamos con Joaquín. Fue durante años uno de los mejores extremos del mundo. Todo el mundo aún recuerda sus carreras al lado de la cal en 2002 durante el Mundial de Corea. Sus rivales no podían más mas que ver como su camiseta verdiblanca pasaba fulgurante al lado suya a su lado. En el año 2006 forzó su salida al Valencia por veinticinco millones de euros. Desde su llegada al club ché, su rendimiento ha sido bastante deficiente con trece goles en ciento diecisiete partidos. Los veinticinco millones de euros hacen que sus carreras por la banda de Mestalla ya no sean tan rápidas. Lopera dixit.
Nunca hubo nigeriano, más sevillano que Finidi George. Cada vez que marcaba un gol se iba a la afición , que le daba un sombrero cordobés para que se lo pusiera. Gracias a su velocidad, consiguió treinta y ocho goles en las cuatro temporadas que estuvo en el Betis (1996-2000) . Tras su paso por el Betis fichó por el Mallorca y el Ipswich Town ,donde no tuvo la misma suerte que en el Betis. Quizás le faltaba ese sombrero. Lopera dixit
¿Alfonso triunfó en el Betis? Bueno es el único jugador retirado que le da nombre a un estadio de Primera División. Veinticinco goles en una temporada son la mejor carta de presentación de Alfonso. Sin embargo un buen día decidió tirar la camiseta a la cara de Don Manuel Ruiz de Lopera. Ese día tiró la camiseta y de paso tiró por la borda su brillante carrera. Barcelona) y Olympic de Marsella fueron sus
siguientes destinos con un bagaje de 6 goles en dos temporadas. Su vuelta al Betis fue por la puerta atrás. Se retiró en el año 2005 seguramente maldiciendo el día que decidió tirar su camiseta a la cara de Don Manuel. Lopera dixit.

Dinamarca
No encuentro mejor manera de estrenar mi Blog que escribir sobre algunas de mis impresiones del Erasmus que estoy haciendo en Roskilde (Dinamarca)
Si tuviera que definir Dinamarca en una frase diria que es el pais de los casis. En este caso comentaré tres.
Empezando por Copenhague. Es una ciudad que es bonita pero no llega a ser preciosa. Los canales y las casas de media altura se esparcen por el centro sin llegar a desontonar en ningún momento. Sin embargo, a la ciudad le falta sacar una exclamación a los turistas y a los no turistas. A la ciudad le falta un Oh!
El segundo casi es que los daneses son casi escandinavos. Alguna vez alguien me dijo que los daneses son los "latinos" de Escandinavia y razón no le faltaba. Aunque distantes siempre suelen ser amables, correctos y en ocasiones aunque no muchas sonrientes.
En Dinamarca hace frio pero no tanto como en muchos paises de Europa. Aunque siempre hay nieve en el suelo hay dias que hace el mismo frio que en una ciudad del norte de España. Hace poco estuve en Hamburgo y ahi si que experimenté verdadero frio.
Dinamarca casi precioso, casi escandinavo, casi muy frio.